mientras
camino
y la
avenida se destruye a mis espaldas
y
las voces que oigo al pasar se convierten en pequeños escombros del
pasado
y
las personas que vi se convierten en viejos cadáveres, calavera y
esqueleto
y
los autos nuevos ya son modelos antiguos
y
las bicicletas pedalean constantemente conducidas por cadáveres
y
caen estrepitosamente junto con todos los huesos
y las casas quedan a mis espaldas deshabitadas
las luces se apagan, los sonidos se acaban
las ventanas quedan oscurecidas
y todo a mis espaldas se reduce a la nada
mientras el frente el frente es la luz, la vida, la piel, la carne y
la sangre, el sonido
en el frente los autos son nuevos, las bicicletas y sus conductores
no caen estrepitosamente
en el frente, todos los hombres saben que hacer, y en el frente todos
avanzan al mismo tiempo
todos saben (o no) adonde ir, pero todos se enfrentan a lo que sea
que esté por venir
y en el frente también es donde escucho caer una moneda
que recorre
fríamente mi piel desde el muslo hasta el tobillo
dejando una estela de bacterias que pasaron mano tras mano tras mano
tras mano
mil manos recorriendo mis piernas, mis muslos, mi piel
mil manos muertas mil manos vivas en el tacto
mil manos atemporales que me acarician fríamente a través del
tiempo
mil manos inertes y concentradas en una sola moneda, mil manos que
hacen menos que una,
mil manos que no hacen otra cosa que excitar mi piel hasta llegar al
suelo,
y en suelo el tintineo,
y en el suelo el estruendo,
y en el suelo el tiempo desde 1997 hasta hoy
en el suelo
millones de manos encerradas en la Casa de la Moneda
arrancándome la carne
una tras otra
una tras otra
y al mismo tiempo me doy vuelta para recuperar mi dinero
y el frente está destruido
mientras a mis espaldas todo crece